El valle del Guadalopillo guarda entre sus tierras y arcillas una historia que se remonta a más de dos mil años, ligada a una industria que fue motor económico y cultural de la zona: la cerámica. Ejemplos como los hornos de Foz Calanda y Pitarra son testimonio vivo de esta tradición alfarera, que en su día fue próspera y reconocida. Entre ambos se ubica el complejo alfarero del Mas de Moreno, un importante yacimiento ibero-romano con seis hornos, considerado uno de los más relevantes de la península en su época. A su alrededor, otros hornos como el del Mas del Ciprés o el del Olmo confirman la relevancia histórica de esta actividad.
En Alcorisa, la alfarería tuvo también un papel protagonista. A comienzos del siglo XIX, se estima que un 20 % de la población vivía de este oficio. Incluso en tiempos recientes, durante unas obras, apareció un antiguo horno que reforzó la evidencia de esta tradición profundamente enraizada.
El horno de Pitarra, que toma su nombre de la partida local donde se ubica —antiguo despoblado medieval con carta puebla desde 1202—, se encuentra junto a la N‑232, entre Calanda y Alcorisa. Aunque no quedan restos visibles de aquel asentamiento medieval, el horno cerámico sí ha perdurado. En 2023 fue restaurado por el Programa Experiencial “Mejora de espacios verdes Alcorisa”, asegurando así su conservación para las generaciones futuras.
Recientemente los alumnos del Programa Experiencial “Aljar”, en su especialidad de jardinería, intervinieron en este valioso elemento patrimonial. Las labores incluyeron el desbroce de los alrededores del horno y la balsa, así como la limpieza del empedrado del camino de acceso. Este trabajo no solo contribuye a la conservación del patrimonio local, sino que también permite que vecinos y visitantes puedan acercarse y comprender mejor la importancia que tuvo la cerámica en la historia de la comarca.
Hoy, aunque la arcilla continúa extrayéndose en la zona, su transformación ya no se realiza localmente. Sin embargo, actuaciones como las del programa “Aljar” ayudan a mantener viva la memoria de un oficio que modeló, durante siglos, la identidad de estas tierras.


